Una de las cosas que más extraño de mis tiempos como estudiante de doctorado es la rutina de aprendizaje, que incluía leer mucho y discutir todo. Quizás éramos felices y no lo sabíamos, jaja. Como profesora investigadora de tiempo completo (o repleto), esos espacios de discusión atraviesan por otras lógicas. De hecho, mis afanes por abrir seminarios y coordinar grupos de investigación responden a esa necesidad de discutir.
La semana pasada fue muy estimulante académicamente y me recordó a esos tiempos. En medio de maratones de juntas, tuve varios momentos de diálogo, reflexión e inspiración. El martes fui con Marysol, una colega investigadora en biomédica, al Global Women’s Breakfast 2025, un desayuno que se hace en todo el mundo para conmemorar el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia; obviamente, había mayoría de ingenieras y yo era el bicho raro, pero fue muy interesante conocerlas y aprender de ellas.
El miércoles tuve una reunión con Juan Larrosa para avanzar en un trabajo que estamos haciendo, el diálogo en torno a las notas del trabajo de campo y a algunos conceptos fue muy productivo. El jueves pasó a saludar Luis Zorrilla y la conversación sobre las líneas de investigación de la universidad saltó hacia las tendencias que se ven en IAMCR.
El viernes tuvimos sesión de un seminario de estudios de comunicación entre colegas de universidades lasallistas y se puso muy buena la discusión en torno a dos investigaciones en proceso, una de ellas fue mi propia investigación. Más tarde, un meme en un grupo de WhatsApp de investigadores derivó en un minidiálogo sobre lo importante que es tener vida más allá del trabajo, cuidar nuestra salud física y mental, estar con la gente que amamos, hacer las cosas que nos gustan… claro que nos apasiona nuestro trabajo, pero nuestras vidas no giran en torno a él.
Esta colección de momentos fue tan estimulante que hasta vine a escribir a este blog, que ya estaba un poquito olvidado.


